LA TARTAMUDEZ

¿Es un problema de ansiedad?

¿Es un problema logopédico?

¿Un problema de autoestima?

¿O se produce porque piensan más rápido de lo que hablan?

En la gran mayoría de los casos, la tartamudez es más un problema de aprendizaje que fisiológico y se suele acentuar más si va acompañado de ansiedad. Hay ciertas situaciones que disparan más este problema; como hablar en público, hablar por teléfono, en grabaciones, con mucho cansancio, o cuando se es muy consciente de que se está tartamudeando.

La tartamudez es un trastorno del habla que se caracteriza por repeticiones o interrupciones involuntarias cuando se emiten las palabras.

Se origina durante la etapa de adquisición del lenguaje y las causas pueden ser varias, pero las que más suelen influir son por modelado por parte de los padres, por prestar excesiva atención al tartamudeo de los niños cuando todavía están probando el lenguaje, por lo que se refuerza y éste aprende a tartamudear, o por reñirle cuando lo hace, creando una asociación entre hablar y ansiedad.

Existen periodos de tartamudeo evolutivo que con el tiempo suelen remitir por sí solos pero en aquellos que persisten y dificultan seriamente la comunicación es sencillo trabajarlo si se hace una intervención temprana ya que en adultos será mucho más complicado cambiar el patrón del habla.

Así que a modo de prevención, es mejor no intervenir durante la adquisición del lenguaje porque es normal que a los 3 añitos los niños tartamudeen. Y en los casos en que haya algún familiar que padezca este trastorno, es aconsejable que el niño tenga más estímulos de los que aprender como por ejemplo la guardería, y no realizar ninguna intervención hasta los 6 años de edad.

 

Ana Esplugues Domingo

Psicóloga y codirectora Psicoevo

HABLANDO DE MINDFULNESS

Seguro que muchos de vosotros habréis oído hablar del mindfulness, puesto que últimamente se está dando a conocer por los beneficios tan positivos que aporta a las personas que lo practican. Pero… ¿sabes realmente qué es? En este artículo te explicamos en qué consiste.

Mindfulness es una traducción de la palabra “Sati”, de la lengua Pali, en la que están escritos los textos budistas más antiguos y significa atención o conciencia. En castellano, su traducción es atención plena o conciencia plena, entre otros.

Su premisa se basa en centrarse en el aquí y ahora, en el momento presente y observar lo que ocurre a nuestro alrededor sin juzgarlo, sino aceptándolo.

Vivimos en un mundo en el que siempre llevamos el “piloto automático” encendido y no nos damos cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor. ¿Cuántas puestas de sol te has perdido por intentar sacar una preciosa foto? ¿Cuántas brisas de aire no has saboreado porque ibas corriendo para llegar al trabajo? ¿Cuántas conversaciones trascendentales te has perdido con tus hijos porque ibais con prisa para llegar al cole?

Seguro que la respuesta es: MUCHAS! Y es que al final del día, cuando todo se queda en calma, te das cuenta de que lo único que has hecho es correr y correr, pero no has saboreado ninguno de todos esos momentos.

Por todo esto, el mindfulness aporta una gran cantidad de beneficios. Algunos de ellos son:

  • Reduce el estrés, debido a que disminuye los niveles de cortisol, una hormona que aparece como respuesta al estrés.
  • Reduce los problemas de insomnio, ya que disminuye el nivel de activación cortical.
  • Mayor control emocional, ya que promueve el autoconocimiento.
  • Mayor conexión con uno mismo, con los demás y con el mundo.
  • Mejora la concentración porque ayuda a evitar distracciones y a centrarse solo en nuestro foco de atención.
  • Mejora las relaciones interpersonales. Al ser capaces de observarnos a nosotros mismos y a los demás sin juzgar, empatizamos mejor con el mundo.

De esta forma, el mindfulness puede aportar una mayor calidad de vida, tanto para nosotros como para los que están a nuestro alrededor. ¿No os parece tentador?

Olga Pérez Simó.

Psicóloga y codirectora de Psicoevo.